Reprimo mi llanto
-lloro por dentro-
cuando jugamos a ser niños
y acabamos tan lejos
como adultos obcecados
que olvidan todo lo bueno
-tanto-
por conquistar un extremo,
por ganar una parcela en el desierto
y decirse: "¡Qué perfecto soy!
¡Cuánta razón tengo!",
que al cabo es doble sufrimiento,
una manera absurda de causarse daños.
Reprimo mi llanto
-lloro por dentro-
porque ya no somos niños
y esta hoja con versos
no es un avión de papel
que vuele por el aula del colegio
llevando un mensaje para alguien:
una disculpa y un te quiero.
lunes, 18 de octubre de 2010
viernes, 15 de octubre de 2010
Es inútil buscar
Tengo el aire que te falta
y el aliento que te quema
mientras sube mi boca abierta
el camino salado de tu espalda.
Tengo las manos que te extasiaban
y el tacto justo que te incendia
mientras deslizo mis yemas
por tus piernas hasta coronarlas.
Tengo el cuerpo que te encaja
y el alma que te completa,
las piezas para inventar tus sorpresas,
más deseo del que entra en la palabra.
y el aliento que te quema
mientras sube mi boca abierta
el camino salado de tu espalda.
Tengo las manos que te extasiaban
y el tacto justo que te incendia
mientras deslizo mis yemas
por tus piernas hasta coronarlas.
Tengo el cuerpo que te encaja
y el alma que te completa,
las piezas para inventar tus sorpresas,
más deseo del que entra en la palabra.
jueves, 14 de octubre de 2010
Lila y azul

Con la mirada perdida
donde se une el mar al cielo
y el planeta se difumina
hasta hacerse inabarcable
como tus verdes pupilas,
sale de la ventana
pura y grácil mi alma
flotando como si fuera de tul
y se me hace certeza un pensamiento:
si es verdad que existen,
si son reales ese lila y ese azul,
eres también posible tú.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Mi primera piedra
Revolví entre mis escombros
y hallé en lo más hondo,
sepultada por el tiempo
la primera piedra de mí
casi impoluta y bien definida,
con una sola arista partida,
sobre un paquete que contenía:
una nana de los ochenta,
un libro de cuentos,
letras de un nombre de mujer para mí,
las caricias de una abuela
y un periódico de octubre
-en su portada, una foto mía-
donde no encontré escritos
ni una gota de incertidumbre
ni un rastro de cobardía,
todo el atrevimiento del mundo
y ni uno solo de mis miedos;
sólo carcajadas y risas.
(Lo que me encontré hace cinco días,
a tres de recordar el día que vi la luz por vez primera,
tan chico, tan poquita cosa yo...)
domingo, 10 de octubre de 2010
Flan casero
Como baila mi cuchara
con el último trozo de flan,
que no se deja alcanzar
hasta que viene rendido
a mi boca,
así me gusta juguetear
contigo cuando te acorralo,
te agarro y te hago cosquillas
y te me escurres una y otra vez
y reímos y reímos
hasta que vienes rendida
a mi boca.
con el último trozo de flan,
que no se deja alcanzar
hasta que viene rendido
a mi boca,
así me gusta juguetear
contigo cuando te acorralo,
te agarro y te hago cosquillas
y te me escurres una y otra vez
y reímos y reímos
hasta que vienes rendida
a mi boca.
jueves, 7 de octubre de 2010
Sedante
Memorizo cada encuentro de los labios
y medico mis madrugadas
con besos pasados
que ahuyentan los insomnios
de cada día que no estás,
mitad amuletos mágicos,
mitad medicina para lobos
que aúllan a la soledad.
Y me ataca el sueño al final
de la manera más infantil:
pensando en campos hermosos,
como un Camino de Santiago,
que son tu pecho, tus piernas, tu espalda,
y voy contando lunar a lunar,
etapa a etapa,
las que me faltan para llegar
al pórtico de tu boca...
Hasta que pierdo la cuenta
cuando me asalta,
cuando me viene a buscar
el recuerdo vivo de aquel beso
primero y desnudo
que nunca ha de tornar.
Entonces no tardo un minuto
en empezar a soñar.
y medico mis madrugadas
con besos pasados
que ahuyentan los insomnios
de cada día que no estás,
mitad amuletos mágicos,
mitad medicina para lobos
que aúllan a la soledad.
Y me ataca el sueño al final
de la manera más infantil:
pensando en campos hermosos,
como un Camino de Santiago,
que son tu pecho, tus piernas, tu espalda,
y voy contando lunar a lunar,
etapa a etapa,
las que me faltan para llegar
al pórtico de tu boca...
Hasta que pierdo la cuenta
cuando me asalta,
cuando me viene a buscar
el recuerdo vivo de aquel beso
primero y desnudo
que nunca ha de tornar.
Entonces no tardo un minuto
en empezar a soñar.
Me da rabia
Se me ha pegado tu canción
pero no sé tararear tu voz.
pero no sé tararear tu voz.
martes, 5 de octubre de 2010
Mi sei mancato tanto
-¿Sí?
-¡Cariño! -gritó entrañablemente en dirección a las ranuras del portero automático junto a la puerta acristalada de la entrada que se abrió dejando el camino libre al chico que arrastraba su maleta gris.
-¡Has llegado antes! -exclamó ella cuando, después de abrir la puerta y correr a mirarse al espejo para un último retoque de su melena y de su absoluta alegría, esperaba nerviosa e impaciente en la escalera.
-¡Sí! He hecho lo posible para llegar pronto. Tenía muchas ganas de verte ya -le comunicó con palabras que salían como pronunciadas con una sonrisa de oreja a oreja, y con los ojos, que peldaño a peldaño ascendían conectados a los de ella con un magnetismo semejante al del imán que se acerca al metal cada vez con más fuerza.
-Te he echado tanto de menos... -dijo ella a su oído apretando sus ojos cerrados a medida que aumentaba la intensidad de su abrazo y se vaciaba, en un suspiro de reencuentro, de todo el aire ya inútil de los pulmones.
-¿De veras? -preguntó él mientras sentía que su interior despertaba hasta el esplendor como despuntan y florecen las orquídeas vistas a cámara rápida.
-¡Sí! ¡No te puedes hacer una idea de cuánto! -dijo ella con una abrumadora brisa de verdad antes de que un simple, largo y profundo beso cerrara los ojos de ambos y acabara con la espera, las camas vacías y las madrugadas de soledad, un beso que empezó a colmar los huecos del abismo semanal y enterró kilómetros enteros, el inicio de un amor que empezó a hacerse bajo el dintel de la puerta una noche de octubre, al abrigo de una pasión que al fin estalló olvidando junto al piano negro la maleta gris, como una premonición.
-¡Cariño! -gritó entrañablemente en dirección a las ranuras del portero automático junto a la puerta acristalada de la entrada que se abrió dejando el camino libre al chico que arrastraba su maleta gris.
-¡Has llegado antes! -exclamó ella cuando, después de abrir la puerta y correr a mirarse al espejo para un último retoque de su melena y de su absoluta alegría, esperaba nerviosa e impaciente en la escalera.
-¡Sí! He hecho lo posible para llegar pronto. Tenía muchas ganas de verte ya -le comunicó con palabras que salían como pronunciadas con una sonrisa de oreja a oreja, y con los ojos, que peldaño a peldaño ascendían conectados a los de ella con un magnetismo semejante al del imán que se acerca al metal cada vez con más fuerza.
-Te he echado tanto de menos... -dijo ella a su oído apretando sus ojos cerrados a medida que aumentaba la intensidad de su abrazo y se vaciaba, en un suspiro de reencuentro, de todo el aire ya inútil de los pulmones.
-¿De veras? -preguntó él mientras sentía que su interior despertaba hasta el esplendor como despuntan y florecen las orquídeas vistas a cámara rápida.
-¡Sí! ¡No te puedes hacer una idea de cuánto! -dijo ella con una abrumadora brisa de verdad antes de que un simple, largo y profundo beso cerrara los ojos de ambos y acabara con la espera, las camas vacías y las madrugadas de soledad, un beso que empezó a colmar los huecos del abismo semanal y enterró kilómetros enteros, el inicio de un amor que empezó a hacerse bajo el dintel de la puerta una noche de octubre, al abrigo de una pasión que al fin estalló olvidando junto al piano negro la maleta gris, como una premonición.
lunes, 4 de octubre de 2010
Apetito semanal
Desayuno amaneceres nuevos:
mismo sol, mismo cielo,
pero otros verdes, otros montes,
otras siluetas en el horizonte
que hace de telón pétreo
tras el que tú te escondes
envuelta de almendros
ahora sin flor.
Me cocino barcos de cruceros
a mediodía, sazonados con veleros
pequeños que en mis manos se ponen
antes de que la tarde los abandone
como a perros lindos pero viejos
a los que se les hace noche
dejados en senderos
donde no verán el sol.
Y al pasar unas horas ceno,
me preparo el mar entero,
exquisitos bocados de tiburones
con los aromas del agua y sus golpes,
y al cabo del día trago cuanto puedo,
descubro triste en las raspas sabores
y el postre de la semana espero;
el resto me sabe a cartón.
mismo sol, mismo cielo,
pero otros verdes, otros montes,
otras siluetas en el horizonte
que hace de telón pétreo
tras el que tú te escondes
envuelta de almendros
ahora sin flor.
Me cocino barcos de cruceros
a mediodía, sazonados con veleros
pequeños que en mis manos se ponen
antes de que la tarde los abandone
como a perros lindos pero viejos
a los que se les hace noche
dejados en senderos
donde no verán el sol.
Y al pasar unas horas ceno,
me preparo el mar entero,
exquisitos bocados de tiburones
con los aromas del agua y sus golpes,
y al cabo del día trago cuanto puedo,
descubro triste en las raspas sabores
y el postre de la semana espero;
el resto me sabe a cartón.
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