La mamá se iba de viaje con el padre. Su vuelo salía a media mañana y, por eso, mientras él terminaba de preparar la maleta, ella se encargaba de dejar a su hijo en el colegio, de donde le recogerían sus abuelos al terminar las clases. Ellos iban a cuidar de él en ausencia de los padres, aunque para Pablo, tan apegado a las faldas de su madre, era realmente imposible sustituirla.
Llegaron a los pies del edificio. Al otro lado de la puerta del colegio podía verse a la maestra acogiendo a los niños y niñas de su clase. Fuera, en la acera, la mamá se despedía de Pablo diciéndole cosas que le hicieran entender que el viaje sería breve, que ni se iba a enterar, que pronto estaría de vuelta y le traería algún regalo de Barcelona. Pero el niño tenía el gesto torcido. Los morritos y el ceño fruncido permanecían aunque su madre le intentaba convencer de que no había nada malo, de que todo iría bien. No sabía exactamente qué le supondría a él aquel viaje.
A la mamá, un poco le daba cosilla verlo así y un poco le parecía gracioso, pero sí que no pudo aguantarse la carcajada interior y el abrazo y las ganas de comérselo a besos cuando Pablo le preguntó con gravedad, preocupado, como deshaciéndose de una vez de la enorme y angustiosa duda que le sobrevolaba:" ¿Y si te tienes que bajar del avión y te pierdes en el cielo...?".
Llegaron a los pies del edificio. Al otro lado de la puerta del colegio podía verse a la maestra acogiendo a los niños y niñas de su clase. Fuera, en la acera, la mamá se despedía de Pablo diciéndole cosas que le hicieran entender que el viaje sería breve, que ni se iba a enterar, que pronto estaría de vuelta y le traería algún regalo de Barcelona. Pero el niño tenía el gesto torcido. Los morritos y el ceño fruncido permanecían aunque su madre le intentaba convencer de que no había nada malo, de que todo iría bien. No sabía exactamente qué le supondría a él aquel viaje.
A la mamá, un poco le daba cosilla verlo así y un poco le parecía gracioso, pero sí que no pudo aguantarse la carcajada interior y el abrazo y las ganas de comérselo a besos cuando Pablo le preguntó con gravedad, preocupado, como deshaciéndose de una vez de la enorme y angustiosa duda que le sobrevolaba:" ¿Y si te tienes que bajar del avión y te pierdes en el cielo...?".
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