martes, 25 de mayo de 2010

Descubrió en sus brazos el mar


Él la hizo un poco como es
queriéndola como la quería.
En domingos en la sierra
juntos los tres pasando el día,
que a él le gustaba mucho
ir al campo con su niña.
En inviernos que traían nieve,
nieve que era alegría,
alegría de trineo para dos,
de revolcarse y deslizarse en la nieve fría.
En agostos insufribles
de descubrir al fin la playita,
de bañarse abrazada a él,
que en el mar también la protegía.
En abriles vestida de gitana,
en lunes de tomar golosinas,
en martes de jugar con ella,
en miércoles de hacerle fotografías
en la puerta de la tienda,
luciendo su infantil sonrisa,
posando como princesa
entre las cajas de colores vacías,
en jueves de quedarse en casa,
en viernes de fiesta de cole de parvulita,
en sábados de gloria, de salir
y presumir de hija,
En carnavales de disfrazarla
de la más maravillosa de las payasitas
y mirarla con amor
y los ojos haciendo chiribitas.

Yo conozco los días de su semana,
los carnavales y la playita,
sus abriles de gitana,
aquellas calles antiguas,
pisé con ella la sierra
y vi la nieve -como sus fotos- al caer el día.

Ahora que la voy conociendo,
ahora que comparto su alegría,
escucho en silencio su historia,
que es pérdida pero también vida,
concluyo que cada vivencia la ha forjado,
que sin ellas no la disfrutaría,
y pienso que él la hizo un poco como es
queriéndola como la quería,
como la quiere todavía
su padre aunque ya no esté.
.
.
Escrito desde este puñado de recuerdos robados que se transforman para mí en gratitud.

1 comentario:

Vero dijo...

Las personas tan especiales dejan una huella imborrable, todos estos momentos tan felices son los que dan sentido a la vida y aunque por desgracia perdamos seres muy queridos, esos recuerdos permanecen en nosotros para siempre.

GRACIAS de nuevo por tu sensibilidad.EO

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