miércoles, 6 de noviembre de 2013

Afirmativo

Se toma un respiro el aguacero
y chillan aves nocturnas danzantes
con los primeros pasos de viandantes,
batahola que nubla el silencio.
Entre el puente y la torre
tus mejillas son grande río,
imprimimos el oro en el aire
y brillantes que sobreviven al solitario anillo,
desposamos al viento tibio
-dueños acaso de nuestras palabras-
en una ingeniería de miradas
firmes, tal vez indomables,
que unen orillas y cielo a la par,
no hay un solo arroyo por ser bebido
del curso bajo de tus comisuras,
porque, amor, el mar...
el mar es la eternidad del río
y a ti te trajo una nube a mi margen:
mojaba el asfalto y nuestras costuras
suave lluvia, agua de vuelta.
El ciclo recomienza
cuando un condensa un amor,
donde una lágrima se hace rocío.
________________________

3 comentarios:

Javier Infantes Castro dijo...

Un poema de sólida construcción donde la palabra asfalto me atrae y desconcierta.

Sabagg dijo...

Se agradece el comentario, Javier. En un puente, frente a una torre, hay mucho construido y más por edificar. :)

Fanny Sinrima dijo...

Siento tu poema como un río que fluye en unos versos y en otros se remansa -o me remanso- pensando qué hay dentro del agua.

No alcanzo a comprender todo, pero siento que hay mucho en esa mirada que se hace río y se unirá a la tuya en el mar como destino después de cruzar el puente y alcanzar la torre.
Seguro que he divagado por cauces distintos a tu sentir, pero me aventuro en la lectura de tu poema.
Un abrazo.

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