viernes, 10 de septiembre de 2010

Hay que morirse bastantes veces

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
Ángel González.

Para vivir largo hay que morirse no una, sino bastantes veces, y renacer otras tantas. No es verdad que la muerte sea el final, que yo ya morí unas cuantas, si bien por más que la muerte te visita nunca te acabas de acostumbrar. Igual es que no nos gusta, que nos gusta más lo estable, pensar que todo es el mismo hilo, que nosotros no cambiamos, que el tiempo pasa y somos los mismos. Pero no, nada de eso, somos los mismos, en esencia los mismos, pero la vida nos pasa por encima, nos erosiona, produce nuevas formas de nosotros, como le ocurre a las piedras del río del viejo molino. Han visto tanta agua pasar, y tantas veces las pisaron que ahora resbalan más, pero tú y yo que las vemos año tras año sabemos que en realidad son las mismas, aunque cada vez les pueda costar más sacar la cabeza sobre el nivel del río, si el año trajo las lluvias que suele.



El río soporta el estiaje en verano, y por eso baja seco, y en otoño empieza a ser el que era, y en invierno lo es, y en primavera otro poquito, hasta desaparecer evaporado en julio. Por eso las piedras del río se mueren también, al menos una vez al año, y otras se refrescan, y otras hasta se ahogan, de forma que se mueren muchas veces mucho, es lo que tiene ser piedra, espectador del tiempo que por ellas pasa sin dejarlas indiferentes, pues cambian. Y en su metamorfosis no se rinden, adelgazan pero se saben agarrar mejor a la tierra para que el río no se las lleve y las pierda en un mar lejano, asfixiante, desconocido, demasiado inmenso.

Por eso las reconocemos, porque son las mismas piedras de siempre, porque permanecen ahí a base de morirse bastantes veces y, aunque se suavicen sus aristas cortantes, son ellas, las mismas de ayer solo que sospechamos que al fin, en lugar de pisarlas, podrá sentarse en ellas un viejo melancólico y en sus rodillas un nieto al que explicarle que allí jugaba y reía la gente, que por ahí corría en sus tiempos un río que traía peces, un agua que movía la noria del molino para poder moler el trigo. Para entonces las piedras habrán aprendido a sonreírnos con la suavidad de su tacto.

4 comentarios:

Ángela Higuera dijo...

No te bañarás dos veces en el mismo río, ni el agua ni las piedras siquiera serán las mismas: renacer es convertirse. Hasta nosotros, mañana, no seremos nosotros, seremos otros con nuestro mismo nombre, como el río del viejo molino.

Arya dijo...

Todo final es un inicio... y la vida es hoy, porque el pasado es eso.. pasado, y el futuro aun no existe ;)


Abraso.. T!

Ángela Higuera dijo...

Y en palabras de Quevedo:
Hoy no es ayer, mañana no ha llegado; /hoy pasa y es y fue/ con movimiento que a la muerte me lleva despeñado.

Pero ese es otro tema. No se hablaba de morir, sino de revivir a cada instante, de renacer constantemente, muriendo y naciendo a la vez...

Gabrielle Dupré dijo...

Estoy completamente de acuerdo.

Muyyyyyyyyyyy de acuerdo.

Las cosas no siempre se dan de inmediato y cuando perseguimos las nuestros sueños, no impporta tanto el tiempo que invirtamos, sino el amor y la calidad de humanos en hacerlo realidad.

Gracias!

Angel tiene mucha razón!

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