martes, 4 de mayo de 2010

Soldado antiguo

Adornan mi uniforme
manchas de polvo perenne
y pétalos de flores viejas
que siempre van tatuados
conmigo adonde los lleve.
Decoran mis botas
gotitas de sangre,
y muchas son mías,
no todas, no,
pero quizá la mayoría.
Pintan mi espada
huellas de carmín
y marcas de mis dientes,
mordiscos de rabia,
muerdos de fuego y viento.
Cuelgan de mi solapa
variadas condecoraciones
pero solo alcanzo a dudar
si estoy vivo por las victorias
o por las batallas que he perdido.
De tal guisa me presento,
sonriente pero aturdido,
despeinado pero entero,
sin traje de domingo,
que vengo con lo puesto.
Y me desnudaré una tarde.
Dejaré el uniforme en tu percha,
las botas tiradas por el suelo,
y las condecoraciones desfilarán
por la ventana, que no las quiero
-solapas vacías pueblan el cielo
por capricho de la ligereza-.
¡Ah, mi espada!
Como ya te avisé,
dejaré mi espada en tu desván,
junto al jarrón de la esquina
donde están tus flores marchitas,
y un día el polvo la cubrirá
cuando el amor calme mi sed.

6 comentarios:

MâKtü[b] dijo...

Mer de germinación, polvo y primaveras de flores marchitas...

Vero dijo...

Sin palabras, es un gran poema :)
Seguir adelante...

Terapia de Choque dijo...

Recuerdos pasados..
Renovarse..

:)
Regards

Aire dijo...

le tengo guardado el sitio a tu espada en mi desván

Elchiado dijo...

Me encantó lo de las solapas vacías... y no dudo de que sea verdad. Un abrazo

Sabagg dijo...

Por las veces que no lo haya dicho, siendo muchas las que lo he pensado, GRACIAS por leerme y compartir conmigo vuestras palabras y vuestro tiempo. Soy afortunado por ello.

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