viernes, 21 de mayo de 2010

Blancas y negras



El pianista respira hondo
y empieza con ojos caídos
a rozar las teclas,
mitad desvaído,
mitad enérgico,
agarrado a un hilo
de fuerza interior intrépida
que da vigor a sus sentidos
y torna ágiles sus manos.
Toca un tanto impreciso
un preludio inédito,
de un pentagrama jamás escrito
que es un baile de notas felices
que lleva en el alma inscrito
y hace sonar de memoria,
al tempo variable de sus latidos
que se van haciendo locura,
por eso le teme al olvido,
por eso no hay partitura,
porque su piano es el mismo,
mismas blancas y negras,
mismas manos y sonido,
pero es distinta la música
y distinta la copa de vino
tras querer y ser querido.

El pianista gime profundo
y su preludio se vuelve más lindo
cuanto más triste y más lento,
y llora con llanto vivo
fusas que en verdad son lágrimas
difusas formando un río
que se extiende sobre el teclado.
Chapotea aún de improviso,
mitad abrumado de vida,
mitad entristecido
hasta desplomarse sobre sus teclas
creando un escandaloso ruido.

Ahora suenan los silencios.
Se oye el cristal de la copa de vino.

2 comentarios:

Elchiado dijo...

Me gustó. Me ha recordado unas palabras preciosas que escribió Kalía no hace mucho (la tienes de seguidora) Aunque la entrada es larga, merece leerla por todo lo que dice, por la belleza que encierra y por la manera tan extraordinaria de expresarlo.

http://monocordio.blogspot.com/2010/05/gramatica-sentimental.html

Un abrazo

Vero dijo...

Qué bonito!ese pianista está sintiendo muchas cosas y a través de la música se pone todo de manifiesto.

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