lunes, 19 de abril de 2010

Carbono

Al final todo es carbono:
el grafito de estas letras
en su simple y grisáceo tono,
portavoz de mis noches incompletas;
el carbón del calor rojo
que arde en las hogueras,
compañero del tardío otoño;
el diamante de las estrellas
con su cristal relumbroso,
prodigio, como tú, de belleza.
Los mismos átomos de carbono,
unidos por estructura diversa,
pero el diamante sufrió en el fondo
la presión y el calor de la tierra
largo tiempo para ser el lujoso
trozo de luz que todos desean.




Los mismos átomos,
pero unidos por una estructura diversa.

3 comentarios:

Antonia dijo...

Siempre me fascinó pensar que el diamante y el grafito venían del mismo sitio pero sus caminos los hicieron tan diferentes...

Precioso pequeño.

Kalia dijo...

Bella reflexión que se esconde en tu poema: el más luminoso de los cristales es en su materia igual que el más oscuro de los minerales; su diferencia esencial reside en la estructura.

Matemática, forma, ¿constituye en realidad el ser de las cosas?

Un abrazo

Elchiado dijo...

Pues yo... ¡¡¡¡¡prefiero el carbón!!!!!, porque me da calor, porque puede alimentarme, porque su pasado es tan vulgar como el mío... aunque no le importa mostrarse tal como es: negro, azabache, irregular, imperfecto.
Los diamantes son preciosos, sí, pero... ¿qué otorgan sino el miedo a perderlos o el frío reflejo de un sol que no poseen??
Me excedí... lo siento; me gustaron las letras.

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