domingo, 22 de marzo de 2020
PANDÉCIMA I
Cuando abran las terrazas
y el aplauso en los balcones
solo exista en las canciones,
te querré en todas las plazas.
La alegría que hoy desguazas
volverá para abrazarte,
la sorpresa en cualquier parte
pintará de azul tu risa
y seremos agua y brisa,
luz viajando en rayo a Marte.
sábado, 21 de marzo de 2020
DÉCIMA PANDÉMICA
Cuarentena despiadada,
que a propios y extraños turbas,
vienes a frenar las curvas
de amores, ya en desbandada.
Pero luego, en cascada,
poblarán parques y coches,
que no hay tiempo de reproches
si la sed del otro apremia
para hacer otra pandemia
con los sueños de estas noches.
martes, 26 de marzo de 2019
Viento de noche
El silencio es mi recompensa;
el olvido, mi heredad,
pero el amor que es de verdad
una larga vida dispensa
y ya no es nunca soledad.
el olvido, mi heredad,
pero el amor que es de verdad
una larga vida dispensa
y ya no es nunca soledad.
domingo, 20 de mayo de 2018
Vulcaniana
Vuelan por los aires dulces
las esquirlas de dos cuerpos,
su vapor alcanza el cielo,
pues se eleva de la lava
que levemente los une
al deslizarse en la cama
y la impregna como cráter
por donde estalló al alba
toda una noche de arte
que prendió por un lucero
y sigue humeando palabras.
las esquirlas de dos cuerpos,
su vapor alcanza el cielo,
pues se eleva de la lava
que levemente los une
al deslizarse en la cama
y la impregna como cráter
por donde estalló al alba
toda una noche de arte
que prendió por un lucero
y sigue humeando palabras.
miércoles, 15 de noviembre de 2017
Es poesía, pequeña
Es poesía que mi brazo
te improvise una almohada,
que formes con los tuyos un lazo
y apaguemos la luz
rayando la madrugada.
Es poesía que te diga que te quiero
y devuelvas diez tequieros,
que bese hondo tu frente
y, a ciegas, me estrelles besos inclemente,
inexistente ya la luz.
Es poesía que cruces así a los sueños,
guiándome a los míos, de donde vienes,
susurrándome «pucho, pucho, pucho...»,
que es cuanto me quieres,
mientras tu voz se vuelve silencio.
te improvise una almohada,
que formes con los tuyos un lazo
y apaguemos la luz
rayando la madrugada.
Es poesía que te diga que te quiero
y devuelvas diez tequieros,
que bese hondo tu frente
y, a ciegas, me estrelles besos inclemente,
inexistente ya la luz.
Es poesía que cruces así a los sueños,
guiándome a los míos, de donde vienes,
susurrándome «pucho, pucho, pucho...»,
que es cuanto me quieres,
mientras tu voz se vuelve silencio.
viernes, 31 de marzo de 2017
Le llega el sueño
Le llega el sueño dulce
con las caricias en la frente,
cuando peinan mis dedos abiertos
sus mechones de trigo
que azabache fueron
y se le van los ojos.
Y se duerme
y sueña
y la miro
y sueño
así
que soy quien ella esperaba
cuando yo la soñé
aquel enero frente al mar.
con las caricias en la frente,
cuando peinan mis dedos abiertos
sus mechones de trigo
que azabache fueron
y se le van los ojos.
Y se duerme
y sueña
y la miro
y sueño
así
que soy quien ella esperaba
cuando yo la soñé
aquel enero frente al mar.
domingo, 29 de enero de 2017
Los peces tropicales
Si existiera poesía,
la poesía en que tú y yo creemos,
si hubiera un mundo completo
donde el poder insondable,
abstracto pero firme de los versos
pudiera abarcarlo todo,
como los clásicos ya defendieron,
habría algún poeta
-y bien podría llamarse poeta-
con la pluma limpia
y el corazón transparente
para hilar y trenzar tres estrofas
y que tú pudieras saber el modo
como una niña mira en la pecera
peces tropicales por vez primera,
sus ojos y su boca engrandecidos
estrenando para todos los públicos
gesto inefable de asombro genuino.
Si existiera poesía,
la poesía en que tú y yo creemos,
cualquier tarde simple de cualquier día,
un padre aprendería como un niño
y un hijo le enseñaría.
_______
la poesía en que tú y yo creemos,
si hubiera un mundo completo
donde el poder insondable,
abstracto pero firme de los versos
pudiera abarcarlo todo,
como los clásicos ya defendieron,
habría algún poeta
-y bien podría llamarse poeta-
con la pluma limpia
y el corazón transparente
para hilar y trenzar tres estrofas
y que tú pudieras saber el modo
como una niña mira en la pecera
peces tropicales por vez primera,
sus ojos y su boca engrandecidos
estrenando para todos los públicos
gesto inefable de asombro genuino.
Si existiera poesía,
la poesía en que tú y yo creemos,
cualquier tarde simple de cualquier día,
un padre aprendería como un niño
y un hijo le enseñaría.
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domingo, 16 de octubre de 2016
El hombre centenario que no cumplió el siglo
La Teoría General de la Relatividad estaba aún dando sus primeros pasos en público con Einstein. Aquel año vinieron al mundo Blas de Otero, Antonio Buero Vallejo, Camilo José Cela, Glenn Ford y Kirk Douglas, y se marcharon Rubén Darío, Enrique Granados y José Echegaray. Las redacciones de los periódicos echaban humo con los telegramas que llegaban de los frentes y estas informaciones permitían saber a los españoles de entonces la evolución de la guerra europea, que con el tiempo se llamó Gran Guerra y hoy, de forma más extendida, I Guerra Mundial. Aquel día 16 de octubre de 1916, la prensa nacional hablaba de barcos a pique, de submarinos, de los daños de la aviación, de tanques, lanzallamas, granadas y de los duros combates de infantería en tantos frentes abiertos. El occidental vivía desde las trincheras los últimos movimientos de las relevantes batallas de Verdún y el Somme, que en pocas semanas iban a terminar. Y en un rincón rural al sur de la neutral España, aquel lunes nació mi abuelo. En su tiempo le tocaron los gobiernos inestables de una España decadente en aquel primer cuarto del XX, el ascenso de Mussolini y Hitler, la dictadura de Primo de Rivera, el exilio de Alfonso XIII con la proclamación de la II República, el inicio de la Guerra Civil, para la que fue reclutado y a la que sobrevivió sin matar a nadie y asqueado de las barbaridades que había visto y conocido. Sobrevivió pese a aquella bala en Madrid que bufó por el aire que respiraba, sobrevivió pese a que aquella bala que bufó, bufaba una y otra vez en sus recurrentes relatos y nunca le dio ni en su recuerdo (o quizá ahí un poco sí). Y el mundo tropezó de nuevo y peor en la misma piedra llegando a la II horrible Guerra Mundial y luego a las tensiones de la Guerra Fría. Antes vivió la dura posguerra y volvió a sus animales, al campo, al cortijo, a la única vida que amó desde chico. Vieron sus ojos pasar en Santisteban del Puerto el largo periodo franquista, la moda de la televisión, aquel paso de Armstrong sobre la Luna, la evolución de las mentalidades de todo un siglo, la muerte del dictador, las incertidumbres de entonces, la Transición, la llegada de la democracia y la Constitución, la entrada en la OTAN, en la CEE, también el Mundial de España, los Juegos de Barcelona, la Expo de Sevilla, todos los premios Nobel concedidos a españoles (menos los de Echegaray y Ramón y Cajal) y todas las principales copas internacionales y nacionales que el Madrid ganó en su historia menos la Undécima (casi). En su juventud rondó a mozas, y fue galante y divertido con ellas, y se enamoró y se casó con mi abuela y tuvieron tres hijas, siete nietos y van dos bisnietos. Le encantaban los caballos y tuvo algunos, y perros a los que ponía nombres pintorescos o nombres de persona. Pocos han visto desfilar tantas mayordomías por la capital de El Condado y pocos han llegado a 99 con los cariños intactos en un cuerpo ya tan menguante, guardando direcciones, apellidos y rangos, cines, avenidas y callejuelas de ciudades como Sevilla, Madrid, Lora o Adamuz.
Cosas así y muchas más suceden en la vida de los humanos cuando es larga, pero él, que nació un lunes, sabía que lo verdaderamente importante no está en los libros de la gran historia, que ninguna universidad enseñará sobre dar los buenos días con una sonrisa por la calle o los beneficios de salir con un chiste espontáneo de risa anticipada, que ninguna cátedra estará basada en lo que un buen padre o abuelo hace y siente sin que se vea mientras tú calientas tus manos en la lumbre u observas los gorriones iniciar su vuelo. Sabía que ningún poeta podrá explicar lo que sintió con el nacimiento de sus hijas, ni la devoción a sus nietos o el tacto de sus viejas manos arrugadas tocando la fina y suave piel rosada de Guille o Marina en sus brazos. Sabía que de una vida así uno nunca se muere del todo.
Luchó lo que le tocó, pero no llegó a gobernador. Recitó lo que recordaba, y lo que no, se lo inventaba. Corrió en los cuarteles, y ganaba, pero no llegó a olímpico. Puso pasión siempre en lo suyo, aunque no le alcanzó para ningún Nobel del agro. Pero, hoy que es centenario sin cumplir el siglo, me permito la épica de sus recuerdos de soldado y pienso que consiguió la curvatura del espacio-tiempo, por la cual todos aquí abajo gravitamos en torno a él, con todas nuestras estaciones, y celebramos con melancolía y alegría nuestra particular nochevieja. Mañana será año nuevo y portamos con nosotros sus inmateriales ingredientes. De una vida así, uno nunca se muere del todo. Y se vive en otros después.
Cosas así y muchas más suceden en la vida de los humanos cuando es larga, pero él, que nació un lunes, sabía que lo verdaderamente importante no está en los libros de la gran historia, que ninguna universidad enseñará sobre dar los buenos días con una sonrisa por la calle o los beneficios de salir con un chiste espontáneo de risa anticipada, que ninguna cátedra estará basada en lo que un buen padre o abuelo hace y siente sin que se vea mientras tú calientas tus manos en la lumbre u observas los gorriones iniciar su vuelo. Sabía que ningún poeta podrá explicar lo que sintió con el nacimiento de sus hijas, ni la devoción a sus nietos o el tacto de sus viejas manos arrugadas tocando la fina y suave piel rosada de Guille o Marina en sus brazos. Sabía que de una vida así uno nunca se muere del todo.
Luchó lo que le tocó, pero no llegó a gobernador. Recitó lo que recordaba, y lo que no, se lo inventaba. Corrió en los cuarteles, y ganaba, pero no llegó a olímpico. Puso pasión siempre en lo suyo, aunque no le alcanzó para ningún Nobel del agro. Pero, hoy que es centenario sin cumplir el siglo, me permito la épica de sus recuerdos de soldado y pienso que consiguió la curvatura del espacio-tiempo, por la cual todos aquí abajo gravitamos en torno a él, con todas nuestras estaciones, y celebramos con melancolía y alegría nuestra particular nochevieja. Mañana será año nuevo y portamos con nosotros sus inmateriales ingredientes. De una vida así, uno nunca se muere del todo. Y se vive en otros después.
viernes, 7 de octubre de 2016
Clepsidra de las tardes cortas
En goteo incesante
haces de la risa un llanto
y de un llanto otra risa
ya transida de sueño o de hambre,
ya rendida al juego y al baile,
mientras entrenas tus primitivos besos
-produces su auténtico sonido,
tanto logras afanarte-
y perfeccionas graciosa los giros
de esas manos que te entregan el mundo
que es en ti más grande que nosotros,
que te lo construimos amorosamente pequeño
para hacerlo más tuyo
en cada uno de estos minutos que son horas
que son tardes que son semanas que son meses
que son aperitivo y postre de Cronos
-tu genio, tu dulzura-
en este año líquido
que cae monzónico
sobre el octubre seco
en que me paro a mirar el calendario
yo, que coleccionaba relojes precisos
que no saben medir nuestro tiempo:
el inexacto,
absoluto,
verdadero fluir de tu ser en los nuestros.
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haces de la risa un llanto
y de un llanto otra risa
ya transida de sueño o de hambre,
ya rendida al juego y al baile,
mientras entrenas tus primitivos besos
-produces su auténtico sonido,
tanto logras afanarte-
y perfeccionas graciosa los giros
de esas manos que te entregan el mundo
que es en ti más grande que nosotros,
que te lo construimos amorosamente pequeño
para hacerlo más tuyo
en cada uno de estos minutos que son horas
que son tardes que son semanas que son meses
que son aperitivo y postre de Cronos
-tu genio, tu dulzura-
en este año líquido
que cae monzónico
sobre el octubre seco
en que me paro a mirar el calendario
yo, que coleccionaba relojes precisos
que no saben medir nuestro tiempo:
el inexacto,
absoluto,
verdadero fluir de tu ser en los nuestros.
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jueves, 8 de septiembre de 2016
Verano de amor
Ya nadie nos quitará este verano
ni esta noche simple
en que peleas con Morfeo
cantando y bailando irreductible
y te me enganchas al brazo izquierdo
mientras, con la otra mano,
empiezo estos versos.
Ya nadie nos quitará este verano,
tus sílabas nuevas no nos las arrebatará
ni el otoño que las encadene,
serán nuestras como tu sueño en las nubes,
tu locura y tus gritos en la orilla,
tu mechón de viento en cubierta,
tu intrépida manera de trenzar pasos surfeando.
Ya nadie nos quitará este verano
aunque vengan otros
diferentes, mejores quizá,
y este suene alegre y lejano,
suspiro remoto,
como tu voz de niña
en mis futuros ojos de anciano.
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