Luna, que haces de suspiros
tibia luz para quien llora
y hogar a quien se enamora,
dame el mar con sus zafiros.
Ven a mí y tracemos giros,
baila conmigo esta noche,
te besaré hasta el derroche,
hasta que falte el aliento,
se torne brisa este viento
y no quede ni un reproche.
Lejos queda ya la nana,
lejos ya tu primer paso,
aquel disfraz de payaso,
los cumples con cifra enana.
Despiertas una mañana
con la emoción contenida:
en la puerta de salida,
con tu familia al lado,
aplaude el profesorado,
ahí comienza otra vida.
Mientras puedas, tiende puentes,
ya que el tiempo veloz huye,
ama el camino, construye
memorables tus presentes.
Hazle caso a lo que sientes,
en lo que hagas pon tu empeño,
recuerda que eres tu dueño
y no hay mayor libertad
que ir tras la felicidad
con la brújula de un sueño.
Llevo tu onda en mi pelo,
tu cincuenta de mis cosas
mejores y más lustrosas,
que con mis sueños cincelo.
Busco un poema con celo
para decirte, mamá,
lo que el tiempo guardará:
abrazos en las tormentas,
la alegría que tú ostentas,
amor que no morirá.
Mayo, mayo, mes de mayo,
dicen que estaba solita
anoche la Morenita,
casi a punto del desmayo.
Pero acudió como un rayo
-dulce emoción desmedida-
su pueblo a darle acogida:
cantó en casa y su voz fue una
con la banda y con la tuna,
con nostalgia de una vida.
Si hay Dios, oyó las plegarias
y creó a los sanitarios,
héroes hechos gregarios
que logran hazañas diarias.
En condiciones precarias
brillan como salvadores
del virus y de gestores,
pues ven vidas y no votos
y sus corazones rotos
suplen los respiradores.
Un Picasso o un Dalí
en un tiempo surrealista,
no lo dudes, hazte artista
de los que hacen de un no un sí.
Crea todo, ama a fi,
restaura lo primordial
en la pandemia mundial
y, si tu beso no suena
y en la radio todo es pena,
toquetea y gira el dial.
Puedo oler la manzanilla
en flor si cierro los ojos
y ver los pétalos rojos
apoyado en tus rodillas.
Tus manos me hacen cosquillas
y me sanan siempre, abuela,
treinta años de duermevela
despertando por abril
todo mi amor infantil
en este hombre que ya vuela.
Nada nos privará, hija,
de la fresca primavera,
tu alegría verdadera
nunca habrá quien la corrija.
Uno es la actitud que elija,
por eso coge colores,
tatúame loca flores,
píntame los campos verdes,
los cerezos que recuerdes,
no hagas caso a los temores.
Esta madrugada cambiamos la hora:
a las dos será 11 de mayo
y tu móvil te lo recordará
cuando despiertes
y por todas las redes
brotará la muda euforia
-en frágil antesala
anida la felicidad-
por estar a punto de caramelo:
a punto de reencuentros,
a punto de abrazos,
a punto de ser comidos a besos,
a punto de hacer de la tragedia recuerdo,
que no olvido,
a punto de brindis y honores.
A las dos será 11 de mayo
y habrá que estar preparados:
la Historia nos confinará
si no salimos mejores.
Pepa, María, David,
Manolo, Carmen, Antonio...
ancianos, gran testimonio
de la lucha ante el Covid.
Su historia portan, oíd:
solos con miedo se ven
en los medios, cual rehén,
mas vivieron la posguerra
y aunque la vida es muy perra
dicen que todo irá bien.
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